Historia y evolución del juego “ Xima”.

J.P. Rizo
Es curiosa la forma en que las obras humanas vienen a existir. Hay un misterio intrínseco en la creatividad inagotable del género homo sapiens, por ser la única especie de la Tierra capaz de reimaginar su mundo y transformarlo a partir de sus propios sueños y necesidades. Se podría decir que la extensión de la imaginación es tan vasta como los confines de nuestro universo.
Un increíble ejemplo sobre el florecimiento de una idea tuvo lugar en el campo del diseño de juegos de mesa. En cierto sentido, los juegos en general son pequeños mundos con sus leyes y espacio al que entramos por un rato para divertirnos y experimentar.
Ya hace más de una década que el juego de mesa “La Xima” comenzó su proceso de gestación en las manos de una pareja de jóvenes cubanos, Yosdel V. Muiño y su esposa, Liz Power Suárez. En el seno de un modesto hogar, en los márgenes de la Habana comenzó a latir el deseo de crear y emprender un duro viaje que llevaría a estos diseñadores a través de agotadores desafíos para materializar su sueño: un juego de mesa completamente novedoso capaz de colocarse en lo más alto junto a los grandes de la historia como el ajedrez, el go, Scrabble, monopolio y Battleship.
Sin embargo, este era un empeño muy difícil de alcanzar. No hay nada simple en la concepción de un nuevo juego que ofrezca a la vez; una experiencia nueva, atrayente y divertida. Así que iniciaron sus pasos en las enseñanzas de los juegos tradicionales como el ajedrez. Después de la escritura de sus dos libros: El Rey Peón y Caissa, los creadores adquirieron el conocimiento de los mecanismos internos y la jugabilidad de un juego tan complejo como el ajedrez. Por eso les surgió la gran interrogante: ¿Cómo sería posible crear un juego tan magnífico como el ajedrez, pero sin tomarnos tantos siglos y vicisitudes? Lo de los siglos fue posible superarlo al final, pero las vicisitudes sí las debieron sufrir.
Entonces, empezó una etapa de incesante creatividad dentro del hogar de la joven pareja. Él, deportista y licenciado en Cultura Física; ella, una Doctora en Pediatría. Yosdel y Liz se convirtieron en un equipo perfecto que sabía complementarse con amor y constancia, procesar críticas, construir ideas y lo más importante, jamás rendirse. Aprendieron a darse ánimos, el uno al otro, en un ambiente social donde la creatividad y el mercado del entretenimiento están muy deprimidos.
Y con esta misión en mente los autores concibieron varios juegos que fueron los eslabones en la cadena evolutiva que terminaría por convertirse en “La Xima”. Primero experimentaron con una variante del conocido juego de dominó, pero esta nueva versión era mucho más sofisticada y destinada para tres jugadores, Triminó, así se llamó. Como ya existía un juego de este tipo en el mercado decidieron seguir experimentando y dieron con el 3DMinó, también inspirado en el célebre juego de pases y dobles, pero en esta ocasión tomó altura hacia un juego en tres dimensiones en el que las fichas iban apilándose a medida que se jugaba. También concibieron juegos que emanaban del estilo del ajedrez como el Ajetreo que usaba dados con dibujos de las piezas en sus seis caras con el objetivo de ser el primero en escapar del laberinto, como una carrera. Sin embargo, el verdadero ancestro intelectual de “La Xima” fue el siguiente descubrimiento lúdico: el 360°, un innovador juego que utiliza dados de ocho caras para simular los puntos cardinales y con piezas que parten del mismo centro del tablero en búsqueda de alinear diez de ellas.
Fue justo en ese momento en el que tanto trabajo duro, pruebas y esfuerzos rindió fruto, pues como si se tratara de los engranajes intrincados de un mecanismo de relojería todo empezó a encajar. Las tres dimensiones del 3DMinó dieron lugar a un tablero piramidal, también inspirado por las misteriosas construcciones precolombinas. Luego, las reglas del 360° fueron simplemente invertidas, en vez de empezar en el centro del tablero hacia todas direcciones, ¿qué tal si las piezas comienzan desde afuera en una carrera (como en el Ajetreo) hacia el centro?, pero este centro no iba a ser plano, sino que se encontraría en lo alto, en la misma punta de la pirámide.
Y así emergió finalmente, de las turbulentas imaginaciones de los dos exploradores, “La Xima”. Todo parecía indicar que lo más difícil ya estaba hecho, el juego había nacido. Pero ahora había que enseñarle a andar. Igual que el bebé que tuvieron Liz y Yosdel en esos años, de la misma forma “La Xima” necesitaba cuidado. Así que los padres se sentaron a la mesa y regresaron a las tormentas de ideas para solucionar el montón de problemas que aparecen a la hora de llevar un nuevo juego de mesa a un público exigente. Hubo que elegir las dimensiones del tablero y su relación con la cantidad de bloques. Al final quedó una pirámide de tres niveles, 13X13, con una cima y diez bloques para cada jugador (entre esos diez se encuentra el especial que debe coronar la cumbre). A estas conclusiones se arribó luego de agotadoras sesiones de pruebas y errores.
Luego le llegó el turno a las reglas que harían de “La Xima” un producto asequible, fácil de aprender y emocionante para toda la familia. Así se describió la forma en que los bloques escalan las laderas del tablero, cómo deben entrar en juego, bloquearse, capturarse y desplazarse. Pero Liz y Yosdel no se conformaron con imitar la tradicional forma de juego uno contra uno, sino que expandieron las modalidades de “La Xima” para que esta tuviera un modo competitivo y otro recreativo. En “La Xima” pueden participar más de dos jugadores, es posible jugar en equipos e incluso ofrece una variante sin precedentes en la historia de los juegos de mesa: una partida donde unos rivales usan su intelecto mientras que los otros confían en la fortuna de los dados, el racionalista poder del intelecto enfrentado al voluble e impredecible azar.
Es difícil dudar del potencial humano cuando uno escucha historias como estas, en las que la tenacidad termina por dar a luz algo tan valioso que puede ofrecer sonrisas y relajación en un mundo competitivo y estresante en el que todos luchan por alcanzar sus objetivos. Pues, al observar este juego casi que se puede sentir ese deseo primigenio de ser la mejor versión de nosotros mismos. Ese es el regalo que nos brinda. Al jugarlo uno comprende la importancia de la paciencia y la prudencia. La meta puede parecernos muy lejana, pero subiendo un escalón a la vez, ahorrando energía y creyendo en uno mismo hasta el más simple de los bloques puede alcanzar “La Xima”.
Articulo migrado desde la pagina anterior de Play Xima.